martes, 31 de enero de 2017

Saturación urgencias hospitalarias

 


Desde hace ya demasiado tiempo, venimos padeciendo una saturación crónica de los servicios de urgencias de los grandes hospitales públicos de Barcelona, entre ellos el Moisès Broggi, que es el que más nos afecta por ser el Hospital que atiende a varias poblaciones de nuestra comarca, el Baix Llobregat, y además está situado en nuestra ciudad, Sant Joan Despí. Habría que hacer un buen diagnóstico de las causas de esta situación y poner un tratamiento urgente.

Y lo que nos podría decir un buen diagnóstico es que muchos de los pacientes que llegan a urgencias seguramente no habrían llegado si hubieran tenido un buen control en la atención primaria. Necesitamos dotar de los recursos necesarios a los CAP para que puedan hacer una gestión más adecuada de los pacientes crónicos. 

La situación actual de la sanidad pública en Cataluña no es nueva y no es sólo consecuencia de la epidemia de gripe que cada año se da por estas fechas, que la agrava notablemente. Las políticas de recortes iniciadas con la crisis económica de 2008 son la causa principal, pero también hay que remarcar que el modelo que se ha ido gestando, de privatización de los servicios públicos de salud, y las escasas y a veces inexistentes políticas de educación y prevención de la salud, nos han llevado a lo que se ha denominado colapso del sistema sanitario.

Sindicatos, profesionales y personas usuarias hablan en diferentes medios de sus experiencias, preocupaciones e inquietudes. Desde el propio personal sanitario, se informa a los pacientes de que si no reciben una atención adecuada no duden en poner una reclamación y que se haga llegar al Síndic de Greuges.

domingo, 22 de enero de 2017

Ana María Martínez Sagi, atleta, escritora y feminista


Ana María Martínez Sagi (1907-2000) es una de esas personalidades que, cuando descubres su existencia y decides investigar sobre su vida y su obra, te atrapan. La primera reacción es de sorpresa, no es comprensible que una mujer de personalidad tan singular y fascinante, que lo fue todo, o casi, en la primera parte del siglo pasado, haya desaparecido de la memoria colectiva  y permanecido ignorada durante tanto tiempo. Sólo se explica esta injusticia por el hecho de que fue mujer, rebelde, y lesbiana, todas ellas particularidades que en la época franquista han sido perseguidas.

Deportista, feminista, poeta, periodista, sindicalista, miembro de la junta del Barça (primera mujer que fue directiva de un club de fútbol en el mundo), amiga de Lorca y Margarita Xirgu, corresponsal en la Guerra Civil española, donde trabó amistad con Durruti, antifascista, antinazi, exiliada, activa colaboradora de la Resistencia Francesa, patrocinadora literaria de Françoise Sagan, profesora de español de André Maurois, recluida y retirada por voluntad propia, el recorrido vital de Ana María Martínez Sagi tiene un interés excepcional. Fue un alma libre y una defensora de la libertad.

Y a pesar de todos estos excelentes adjetivos, fue una víctima y por muchos motivos. No hay más que seguir su biografía para llegar a esta conclusión.

Nació en el seno de una familia de la burguesía de Barcelona. Su padre, empresario textil, era de ideología progresista, su madre, muy conservadora. Desde pequeña sintió que su nacimiento no había sido bienvenido en la familia, que esperaba un hijo varón. Creció y se educó sin amigas, jugaba a fútbol con su primo y su hermano, y siempre tuvo el firme deseo de que quería ser poeta. Desde muy joven escribía, fue periodista en diversas revistas y diarios, en las que entrevistaba a políticos, vagabundos y prostitutas, y era tan famosa que la reconocían por la calle y en el tranvía. Hizo reportajes sobre el sufragio femenino en unos tiempos en que la mujer no podía votar.

Un río entre la niebla (Final)

¿Y cómo soy yo? Pensé, con cierto gesto de rebeldía. Miré a sus ojos desafiante y quedé desarmada ante aquella mirada llena de comprensión y ternura. Me estaba compadeciendo. Y yo sabía que no tenía más que echar un ligero vistazo a sus libros para comprender que llevaba razón.

-Tengo que irme, y a ti se te está haciendo tarde. Adiós.

-Adiós Virginia.

Comencé a andar en dirección a la loma. Se quedó allí sonriendo con una sonrisa enigmática, y poco a poco su figura se me iba perdiendo de vista. Volví a sentirme sola y extraña en medio de aquel mundo hostil. Las sombras me rodeaban, y me dejé caer en un pozo oscuro de negros pensamientos. Me hundía…

Y de repente, escuché un monótono ruido. Iba entrando lentamente en mi cabeza con persistente insistencia. Empezó a crecer y crecer y llegó a hacerse tan grande que toda yo estaba poseída por él. Fue entonces cuando me desperté. Todo había sido un sueño, razonaba mi mente, y ahora acababa de despertar. ¡Qué malestar! ¡Qué estupor! Una extraña confusión me deprimía, y una pena profunda en el pecho me producía escalofríos. ¿Había sido un sueño?. Por un momento volvía de nuevo a los hechos recientes, volvía a renacerlos de nuevo para mi, ya transformados, o quizás no. Me resistía a creer que todo había sido una ficción, y sin embargo me volvió a invadir otra sensación, la de que aún estaba soñando, que era un sueño dentro de otro sueño, que no había despertado completamente y el taxi, el taxista y la carretera, todo, era producto de mi imaginación.

Estuve, efectivamente en Londres hace unos meses. Y recuerdo mis ávidos deseos de visitar Monk’s House. No queda ninguna huella de aquella visita, ni una fotografía, ni una postal, ni un simple recuerdo. Pero las imágenes están tan vivas en mi, y a la vez tan confusas, que me resisto a creer que se tratara de un simple sueño.

martes, 10 de enero de 2017

Un río entre la niebla (III)


Quedamos ambas pensativas, recordando acontecimientos pasados. Ella, más exhaustivamente, porque era su vida, yo, más superficialmente, recordando los libros leídos. Presentía que mis palabras habían calado muy hondo.

-Sí, -Dijo por fin –El río fue muy importante para mí. Aquí acabó todo por mi propia decisión. No aguantaba ya la locura que se había adueñado de mi mente, ni el daño que le estaba haciendo a los seres más queridos.

Mis ojos se dirigieron a las aguas turbulentas del río. Violentas ondas se estrellaban contra las piedras gormando un lecho de espuma blanca. Como las olas. El agua nos atraía irremisiblemente, nos enajenaba de todo lo demás. Al alzar la vista, mi mirada tropezó con la piedra atada a sus pies. La contemplé atentamente, y me pregunté como podía moverse con tanta facilidad teniendo que soportar un peso tan grande. Claro, me contesté a mi misma, no era más que un fantasma.

-La muerte fue siempre tu aliada. Siempre supiste que era la única forma de escapar.

Escapar. Extraña palabra oída en mis labios. Parecía que era el eco de mi conciencia, proyectado en otra figura.

-Y recuerda. También en tu vida hay un olmo, y un río. Algún día vendrás a buscarme a través de ellos.

Sus misteriosas palabras me dejaron helada. ¿Qué había querido decir?. Antes de poder hacer alguna pregunta, se levantó apoyándose en el bastón. Le ofrecí mi mano para ayudarla a soportar la carga de la piedra, pero no parecía molestarla mucho, y me rechazó con una ligera señal.

-No te preocupes, mi camino es muy corto.

Efectivamente, el río estaba a nuestros pies, y yo sabía que aquel era el final de su camino.

-Monk’s House está allá arriba –señalaba con el bastón una loma que se entreveía entre la niebla que empezaba a despejarse –Pero no me busques entre las piezas de un museo, aunque esté lleno de objetos que me pertenecieron. No me encontrarás allí. Búscame en mis libros, o dentro de ti, porque tu eres como yo.