miércoles, 23 de octubre de 2013

Aniversarios amargos


Todo el mundo tiene aniversarios dolorosos. A todas las personas, sin excepción alguna, le ocurren desgracias a lo largo de su vida. En mi repertorio personal hay tres fechas especialmente amargas que han influido de forma determinante en el devenir de mi vida. La primera, el 9 de Julio, el día que murió mi padre siendo yo una adolescente pueblerina, casi una niña. La segunda, el día que murió mi madre tras una larga enfermedad, fue un 12 de Mayo. Y la tercera, el día que me despidieron de Laboratorios Vita, empresa en la que trabajé durante 31 años.

De esta tercera experiencia es de la que quiero hablar hoy. Hace unos días se han cumplido 10 años, aunque parece que fue ayer, de ese angustioso Viernes negro del mes de Octubre que cambió el rumbo de mi vida. 

Desde hacía unos meses el ambiente en la empresa era muy convulso, todo eran rumores de venta, de cambios, de despidos... Unos años antes la empresa había iniciado un cambio de cultura organizacional. El modelo de negocio familiar por el que se regía hasta entonces, en el que los dueños manejaban hasta los más pequeños detalles de la gestión de la empresa, incluyendo las vidas de sus trabajadores y trabajadoras, cayó en crisis cuando la segunda generación perdió todo interés en hacerse cargo de las riendas de la compañía y la preparó para venderla en condiciones beneficiosas para sus bolsillos.

En ese momento empezaron a aparecer por los pasillos de la empresa todo tipo de consultores, auditores y expertos de todo pelaje que presumían de que iban a conducir la gestión del cambio hacia un modelo organizativo mucho más eficaz y moderno. Elaboración de un plan estratégico, auditorías para optimizar los procesos,  reestructuración de la plantilla, formación y coaching para la clase directiva... en unas semanas ya nos habíamos familiarizado con una jerga nueva que no acabábamos de entender del todo, pero que sonaba muy bien. En mi caso particular, había desarrollado toda mi carrera profesional en el departamento de informática, había trabajado allí desde muy joven, pasando por todas las etapas: operadora, programadora, analista, responsable del departamento, y con el nuevo organigrama que la Consultoría había diseñado pasé a ser directora del Departamento de Informática. Mi trabajo no había cambiado, sólo el título del cargo, y con él las tarjetas de visita.