viernes, 27 de enero de 2012

Andrea Motis y la Sant Andreu Jazz Band

La Sant Andreu Jazz Band nació en 2006 en el seno de la Escuela Municipal de música del barrio barcelonés de Sant Andreu. Está formada por jóvenes de entre 6 y 19 años, y la dirige Joan Chamorro.

Como otras muchas escuelas de música que existen por la geografía catalana, está haciendo un excelente trabajo en el campo de la formación de los jóvenes que sienten la música como algo prioritario. Pero la Sant Andreu Jazz Band tiene algo especial que la hace diferente, es el profesor Joan Chamorro, un jazzman que ha sabido infundir en sus alumnos el amor por el jazz.

En esta escuela los jóvenes alumnos se preparan a fondo para ser componentes de una extensa banda de jazz que realiza con frecuencia conciertos en diferentes festivales y espacios de Catalunya. También comparten escenario con prestigiosos músicos de jazz, y con su director Joan Chamorro.



La alumna más aventajada es Andrea Motis. Comenzó a los 7 años, aprendió a tocar la trompeta y el saxofón, y llegó a ser cantante por casualidad. Es vocalista porque en la big band infantil en la que tocaba no había nadie que quisiera cantar y su director pensó que sería bueno añadir voz a las canciones que tocaban. Y así fue como Andrea probó con Basin street blues



Andrea, ajena a la batalla entre los críticos que piensan que todo le es fácil por ser una adolescente pero que aún tiene mucho que demostrar y los seguidores que creen que es lo más fresco y emocionante que ha aparecido en el mundo del jazz en los últimos años, ha ido creciendo a pasos agigantados, al igual que sus compañeros y compañeras de la Sant Andreu Jazz Band. Y como ella tiene tanto talento, es honesta y trabaja con humildad y con mucha pasión, no dudo que sabrá seguir aprendiendo y que le espera un futuro muy brillante.

Fuera del jazz también ha hecho versiones de canciones conocidas de otros estilos. "Hallellujah" de Leonard Cohen.



More than words" de Extreme, versíón en catalán renombrada "Més que paraules"



Pero cuando más disfruta, cuando más a gusto se siente, es cuando interpreta jazz al lado de sus amigos de la Sant Andreu Jazz Band



Con 16 años, Andrea Motis, cantante, trompetista y saxofonista, ya es la joya de la música catalana actual.




Mientras tanto, Joan Chamorro sigue su trabajo en la escuela de música del barrio de Sant Andreu, y otras jóvenes promesas van apareciendo.

lunes, 23 de enero de 2012

Intrum Justitia y las empresas gangsteriles

Recuerdo con añoranza aquellos tiempos en que los clientes siempre teníamos razón y las empresas nos trataban con un tacto exquisito. Ahora vivimos una época en la que las grandes corporaciones se creen que son las dueñas de nuestras vidas y, a la manera de los señores feudales, disponen a su antojo de nuestro tiempo, nuestra intimidad y nuestros escasos bienes.

Todas estas reflexiones me vienen a la cabeza debido a una mala experiencia que en mi familia estamos teniendo con Intrum Justitia. No tenía ni la más remota idea de la existencia de esa empresa hasta que hace unas semanas mi marido recibió una carta que nos causó consternación. En ella se decía que ENDESA les había encomendado la gestión de una deuda en la que él figuraba como titular por la cantidad de 73,63€. En un tono amenazante, conminaban a pagar urgentemente la deuda si no quería tener problemas y facilitaban un número de cuenta en la que había que ingresar el dinero.

Y nada más. No daban datos de la factura a la que se referían, ni un número, ni una fecha, sólo una referencia y un número de identificación internos. Lo primero que pensé es que se trataba de un timo.
Inmediatamente me puse a investigar en Internet y averigué que esta empresa sueca especializada en gestión de impagados es muy famosa en la red. Encontré innumerables quejas de damnificados que han sufrido sus métodos gangsteriles y que solicitaban u ofrecían consejos sobre como proceder en el caso de tener la desgracia de encontrarse en su camino.

Daba la casualidad de que unos meses antes habíamos cambiado a Endesa por otra compañía, y pensamos que podría tratarse de un error de traspaso, pero repasando las facturas que habíamos pagado vimos que no faltaba ningún mes. Así que, una vez informada sobre la forma de actuar de Intrum Justitia, quedamos a la espera de que dieran señales de vida.


Sábado a las 8,30h de la mañana, suena el teléfono. La noche anterior nos habíamos acostado tarde y aún estábamos en la cama. Me levanté malhumorada y cogí el teléfono.

- ¿Me puede poner con el señor García?
- ¿De parte de quién?

Al otro lado una voz confusa de mujer que no acababa de entender. Normal, estaba como en una nube, aún no estaba despierta del todo.

- Carta... asesoría... pagar...
- ¿Ah qué llama de la asesoría? (pensé que era una asesoría con la que tenemos trato)
- ¡No! -la chica empezaba a cabrearse- llamo de Intrum Justitia porque el Sr. García es un deudor y tiene una deuda que tiene que pagar. ¡Dígale que se ponga!

De pronto se me encendió la lucecita y recordé la carta. Estaba empezando a enfadarme.

- Mire, no le voy a decir nada.
- ¿Pero está en casa?
- Sí, pero está durmiendo.
- ¡Despiértelo y dígale que se ponga!
- No lo voy a hacer, y no son horas de llamar a una casa un sábado tan de mañana -el enfado se estaba convirtiendo en cólera.
- !Pues yo ya llevo un rato trabajando! -todas estas palabras a voz en grito.
- ¡Y a mi que coño me importa!
- ¿Qué no le importa? Pues ya vera cuando... el Sr. García es un deudor y tiene que pagar... ya verá si no paga...

Y colgó el teléfono. Esa fue nuestra primera conversación. Yo estaba tan indignada que casi no podía hablar.

Minutos después volvieron a llamar, esta vez un chico que habló con mi marido mucho más suavemente y le proporcionó los datos que le pidió, número de factura, fecha, etc. Definitivamente, se trataba de un error.

Llamamos a Endesa y solucionamos el problema. Nos quejamos del trato que habíamos recibido por parte de Intrum Justitia y se excusaron diciendo que habían recibido muchas quejas de otros usuarios, pero que no podían hacer nada porque les tenían cedida la gestión del cobro de sus impagados. ¿Cómo que no pueden hacer nada? Son ellos quienes los han contratado, ¿no?, podrían exigirles un mejor trato a sus clientes.

Para Intrum Justitia, y para las empresas que la contratan, somos culpables aunque se demuestre lo contrario. Han optado por el método de la extorsión y no merecemos ninguna delicadeza, tenemos que pagar sí o sí. Y estamos en sus manos, no podemos hacer nada, porque aunque demostremos la inocencia ya no hay quien nos quite las vejaciones que hemos sufrido.

Aquí no acaba la historia. Días después llamaron de nuevo. Era la misma chica de la primera vez. Volvió a preguntar por el Sr. García. Me armé de paciencia y le informé que el Sr.García no estaba pero que ya habíamos solucionado el problema directamente con Endesa. La chica montó en cólera.

- ¡No puede haberlo solucionado con Endesa! La deuda la gestionamos ahora nosotros y el Sr. García es un deudor nuestro. ¡Nos tiene que pagar a nosotros!.

A estas alturas ya estaba muy cansada de estas conversaciones, así que le dije que yo no era el Sr.García, que no tenía ninguna deuda con ellos y que por tanto no tenía que aguantar broncas de nadie. Eso la calló y se despidió prometiendo que volvería a llamar.

Y volvió a llamar. Yo estaba a punto de salir.

- ¿Está el Sr. García?

Esta vez decidí seguir uno de los consejos que había leído en Internet.

- Sí, un momento.

Y dejé el teléfono descolgado y me fui a la calle. Por ahora, no han vuelto a llamar, aunque no aseguraría que no vuelvan a hacerlo.

domingo, 1 de enero de 2012

La importancia de las palabras

En los últimos días se habla mucho del significado de las palabras, de su valor y de lo importante que es definir adecuadamente un concepto, una situación o un sentimiento. Esto viene a cuento de lo que la ministra de Sanidad, Asuntos Sociales e Igualdad Ana Mato declaró referente al penúltimo asesinato por violencia machista al que calificó como "violencia en el entorno familiar". Cuando las críticas en las redes sociales, sobre todo en twitter, arreciaron, Mato no sólo no rectificó, sino que aseguró que daba "igual el nombre", que la terminología a la hora de designar el hecho es "lo menos importante" porque lo que quiere el gobierno es "tolerancia cero contra todo tipo de actuación contra cualquier mujer, contra cualquier persona en el ámbito doméstico, en el ámbito de violencia de género o como se quiera llamar".

A estas alturas de la película nadie cree en la inocencia de las palabras de la señora ministra. Más aún cuando el partido al que pertenece viene predicando todo lo contrario en otros temas, por ejemplo el matrimonio homosexual. Desde hace meses el PP repite por activa y por pasiva que tiene recurrida la ley entre personas del mismo sexo sólo porque se utiliza la palabra "matrimonio", y si en su lugar se utilizara "unión" no habría ningún problema.

Lo cierto es que cada palabra tiene un significado muy concreto, y aunque algunas puedan parecer semejantes, no lo son. Una unión civil no es lo mismo que un matrimonio, por mucho que el PP se empeñe en convencernos. Si fuera así, no gastarían tantas energías, ni medios, para intentar cambiar una situación que aceptan la mayoría de los españoles. Para comprobarlo no hay más que echar un vistazo al Código Civil, en éste sólo queda recogido el derecho a la adopción de los matrimonios de cualquier tipo y de las parejas de hecho heterosexuales. Las parejas de hecho homosexuales no aparecen, es decir, en el momento en que dejen de llamarse matrimonio perderán el derecho a la adopción. Y no es el único derecho que perderían, hay otras leyes menos importantes, reglamentos y normas locales donde los matrimonios tienen beneficios que no tienen las uniones civiles.

Violencia en el ámbito doméstico es cualquier tipo de agresión que se desarrolla en el domicilio familiar, mezclar la violencia machista con otros tipos de violencia y calificarla por el lugar donde se produce y no por la causa que subyace en ella, es un tremendo error que no ayuda a enfrentarse a este importante y viejo problema. Tal vez lo que la señora ministra y los detractores de la ley del 2004 pretenden no es mejorar una ley que es manifiestamente mejorable, sino volver a aquellos años en que el maltrato a la mujer se sufría en la intimidad de los hogares y se le trataba como un asunto en el que nadie debe inmiscuirse.