viernes, 29 de abril de 2011

Inés y la alegría


Este fue otro libro que me compré en Sant Jordi, Inés y la alegría, de Almudena Grandes. Había oído hablar mucho de él, incluso alguna entrevista en la radio a la escritora, y sí, me había parecido interesante, pero en principio no tanto como para desear leerlo. Después del inmenso sacrificio que para mi fue leer Los aires difíciles me había prometido a mi misma no leer ningún libro más de esta autora.

Pero mi amiga Mati, cuya opinión siempre escucho y a la que siempre hago caso porque me ha demostrado que nunca me decepciona, estaba enamorada de este libro. Había escrito varias entradas en su blog, y claro, me entró el gusanillo. Y me lo compré el día de Sant Jordi, aprovechando los descuentos, en mi librería habitual.

Me llevé el libro a Barcelona por la tarde, en mi paseo por el centro, porque tenía localizado varios lugares en los que la autora iba a firmar sus libros, y pensé, ¿por qué no probar?

Y... ¡bingo! La encontré sobre las 7 de la tarde, en el stand de Abacus. Estaba completamente sola, me llamó la atención, porque a su lado estaba Maruja Torres y tenía una cola de lectores bastante larga. Aunque Los aires difíciles me parece un libro difícil de leer, creo que entre Maruja Torres y Almudena Grandes no hay color, esta última es mucho mejor escritora, aunque las dos son buenas columnistas de periódico y bastante mediáticas.

Supongo que fue casualidad, y que a lo largo del día Almudena recibió la visita de muchos lectores fieles, porque sé que los tiene. La cuestión es que a mi me vino bien que en ese momento estuviera sola y pudiera atenderme con todo el tiempo del mundo. Me preguntó mi nombre y se lo dije. Bueno, le dije el diminutivo con el que todo el mundo me conoce. Nada más pronunciarlo, me pareció poco serio y rectifiqué, le comenté que podía poner también mi nombre oficial, ese que suena tan serio y potente. Ella me preguntó, ¿pero tu por cual te reconoces? Yo le dije el diminutivo. Y ella, "vale, pues ese te pongo, no sea que te ponga el otro y pienses que va dedicado a otra persona".

Maruja, al lado, seguía la conversación con mucho interés. Incluso participó en ella, bromeando, y olvidando por un momento la larga cola que tenía delante. Parecía que le interesaba más lo que hacía su compañera que lo que estaba haciendo ella misma.

"A ver si me gusta este libro tuyo", le dije a Almudena. Ella se puso un poco seria. "Aunque estoy segura que me va a gustar, porque algunas amigas mías que lo han leído están encantadas". Y entonces me dirigió una sonrisa de oreja a oreja que demostró que lo que le había dicho le había gustado.

Ahora sólo falta ver si de verdad me gusta y coincido con la opinión de mi amiga Mati.

lunes, 25 de abril de 2011

Novelas por entrega

Sigamos escribiendo sobre literatura, aprovechando que estas fechas nos animan a hablar de estos temas.

En algún lugar de este blog he explicado que me inicié en la lectura con los cómics de la época, que por aquel entonces se llamaban tebeos. También leí muchos cuentos infantiles tradicionales, mis preferidos eran "El gato con botas" y "La ratita presumida". Estos libritos se publicaban con un papel de mayor calidad y por supuesto eran más caros, así que yo sólo leía los que me prestaban mis amigas con mayor poder adquisitivo o en la escuela.

Era feliz entre aquellas fantasías. Sin embargo, todo aquel mundo de hadas, princesas y príncipes quedó completamente eclipsado cuando descubrí en la cómoda de mi madre tres gruesos tomos de una novela que se llamaba "Gorriones sin nido". Para los que no lo sepan, aclaro que una cómoda es un mueble bajo con grandes cajones donde se guarda la ropa y otros objetos. En mi casa teníamos una que mi madre había heredado de su madre, y después la heredé yo. Y ahora está allí, en su lugar natural, en la casa del pueblo.

Tendría 11 ó 12 años, y ese fue el primer libro que leí, un folletín o novela por entregas. Años después me enteré de que los folletines aparecieron en Francia cuando un periódico del que no recuerdo el nombre (¡Ay, esta memoria mía cada vez más escasa!) comenzó a incluir en su edición diaria una versión del Lazarillo de Tormes en francés. Eso fue a mediados del siglo XIX, y se hizo tan popular que en poco tiempo lo imitaron numerosas publicaciones de Francia y otros paises como España e Inglaterra. Autores tan prestigiosos como Dumas padre, Balzac y Dickens publicaron sus obras de esta manera.

Según la Wikipedia "Se trataba de una escritura más industrial que literaria, elaborada en pequeñas hojas o en las partes bajas de los diarios; muchas veces se seleccionaba una serie de estampas en grabado sobre escenas sensacionalistas y el argumento se improvisaba sobre ellas; la acción se dilataba con expresiones farragosas para ampliar el papel (y por tanto el dinero a pagar), imitando y copiando a mansalva de modelos extranjeros o españoles como Eugenio Sue o Paul Féval, y se escribía tan rápido a causa de la urgencia de la edición que los folletinistas se llamaban a sí mismos 'escritores al vapor'".


Fernando Eguidazu lo explica así en su libro Del folletín al bolsilibro: "La técnica era la siguiente: el editor ponía a la venta un primer cuadernillo con portada vistosa, en cuyo interior se incluían unas hojillas propagandísticas sobre la obra, con un resumen del argumento y comentarios elogiosos sobre novela y autor, un fascículo con la primera entrega coleccionable, algunas de las láminas en colores a intercalar a lo largo de la obra, y otra hojilla con las condiciones de suscripción. El procedimiento de compra ofrecido al lector era el de suscripción, bien con entrega a domicilio, bien con distribución en librerías, puestos de prensa o en la propia sede del editor o de la imprenta. El lector iría adquiriendo los sucesivos cuadernillos hasta completar la novela, que luego podría encuadernar, bien con tapas suministradas por la propia editorial, bien por su propia cuenta".

En la España de las posguerra estas publicaciones eran muy populares. Concretamente, en mi pueblo, a pesar del alto índice de analfabetismo, no había casa donde no existiera uno o varios de estos novelones. Me contaron que a veces se reunían las vecinas por la tarde y una persona los leía en voz alta a las que no sabían leer, y que todo el mundo esperaba con ansiedad que llegara un nuevo capítulo de la serie. La moda pasó cuando se popularizaron los seriales de la radio.

Sigo contando mi experiencia personal. Me encontré con varios tomos, o tomazos, en la cómoda de mi madre, y los leí a escondidas de un tirón. El que más me gustaba era el que he mencionado antes, "Gorriones sin nido", de Mario D'Ancona. Los gorriones eran dos niños huérfanos, el "Perragorda" y "Carabonita", que se encuentran en la calle y se hacen amigos. Alberto y Matilde, que eran los buenos buenísimos y se erigieron en protectores de los niños, y luego estaban los malos malísimos, que hacían todo lo posible para separar a esta pareja y por ocultar todas sus maldades.

Las múltiples desgracias de los niños y de la pareja de buenos invitaba a la lágrima. Afortunadamente, después de cientos de páginas todo acababa bien, tenía un final feliz.

También encontré otro serial que no me gustó tanto. Tenía el rebuscado nombre de "Vivir después de la muerte o la hija de dos madres". Era una historia de un pintor bohemio y sinverguenza que había dejado embarazada a una joven inocente y la abandonó. El lenguaje y la mentalidad del autor, Luis del Val, eran muy del siglo XIX, época en la que fue escrita aunque se reeditó en los años 40. Las situaciones eran tan exageradas que no llegaban a emocionar.

No he encontrado por Internet fotos de este segundo libro, es una pena. Espero hacerlas yo misma la próxima vez que vaya al pueblo, porque las ilustraciones son muy claras y como dice el refrán, una imagen vale más que mil palabras.

viernes, 22 de abril de 2011

Los hijos de la tierra

Hace más de 30 años que sigo esta saga. Descubrí el primer libro a principios de los 80, "El clan del oso cavernario", y me impactó. Quedé completamente facinada por la historia de Ayla, la niña cromagnon que pierde a sus padres en un terremoto y es encontrada, moribunda, por un clan de neandertales. Es adoptada y educada dentro de este clan, pero las diferencias son notorias, y nunca llega a ser totalmente aceptada. Hasta que al final la expulsan.

Estaba ansiosa por saber qué había sido de la vida de Ayla, si había sobrevivido o había muerto en aquel mundo tan hostil. Afortunadamente, sólo tuve que esperar unos meses para leer el segundo libro, "El valle de los caballos". Me gustó mucho menos que el primero, y a ratos hasta lo encontré aburrido. Ayla, tras ser expulsada del Clan, va en busca de "Los otros", especie a la que ella pertenece. Se refugia en una cueva y pasa allí varios años, alejada de todo contacto humano. Encuentra una yegua salvaje, Whinney, y la domestica y un león cavernario, Bebe. Los dos se convierten en sus mejores amigos. Paralelamente, la escritora sigue los pasos de Jondalar, un joven cazador de la tribu de los zelandoni. Cuando Ayla y Jondalar se encuentran, nace el amor entre ellos y deciden ir a buscar a otros humanos.

Cuando pensaba que esa historia ya no iba a tener continuación, unos años después, en 1985, se publicó el tercer libro de la saga, "Los cazadores de mamut". Ayla y Jondalar encuentran una tribu de su misma especie y durante una temporada viven con ellos. Es entonces cuando surgen las primeras diferencias entre la pareja, aparece Ranec, un hombre atractivo de raza negra que se enamora de Ayla.

Cinco años después se publica "Las llanuras del tránsito". Ayla y Jondalar atraviesan toda Europa en un viaje que dura más de un año con el fin de llegar al territorio de los zelandoni, la tribu de Jondalar, que está asentada en loque hoy en día es el sur de Francia. Durante el viaje viven aventuras peligrosas, pero también aprenden los conocimientos de los clanes que se encuentran por el camino. Para mi es, después del primero, el segundo mejor libro de la saga.

Después hubo que esperar más de diez años para poder leer el quinto libro. Según parece estuvo en un cajón durante mucho tiempo sin poderse publicar por problemas con la editorial. En él se nos cuenta como se adapta Ayla a la vida entre los Zelandoni y su relación con la Zelandonia. Es "los refugios de piedra".

Es cierto que la autora se toma muchas licencias literarias, como el hecho de acumular en una sola persona la autoría de los avances de varios cientos de años. Pero la serie está muy bien documentada y en general describe muy correctamente como era la vida en el Paleolítico según nos muestran los descubrimientos arqueológicos. Y no hay que olvidar que es ciencia-ficción, y es una forma de aproximar a todo el mundo, sean entendidos o no en historia, a una época misteriosa que mucha gente desconoce.

Jean M.Auel nació en Chicago en 1936. Se casó a los 18 años, y a los 25 ya había tenido 5 hijos. A los 28 años pasó a formar parte de la prestigiosa organización Mensa, que agrupa a personas con un elevado coeficiente intelectual. Asistió a clases nocturnas, y en 1976 obtuvo su MBA.

Fue en 1977 cuando comenzó a darle vueltas a la historia de una mujer de la edad de hielo que vivía con unos seres humanos completamente diferentes a ella. Comenzó a documentarse, se pasó meses en la biblioteca, y emprendió viajes por Europa. Así fue como nació el primer libro de la serie.

Hace poco más de un mes se publicó en España el esperado sexto libro, "La tierra de las cuevas pintadas", inspirado en las cuevas de Altamira. Nos lo han presentado como el último volumen de la saga, pero la autora, de 75 años, ha confirmado que aún hay posibilidades de que haya uno más. Por lo pronto, piensa seguir escribiendo, aunque no tiene decidido sobre que tema.

Se me ha ocurrido hablar de esta serie porque mañana es el día de Sant Jordi. Y hace mucho tiempo que tengo decidido qué libro me voy a comprar. He podido aguantar mi impaciencia a duras penas, y si no fuera por los descuentos que se ofrecen ese día, y que la crisis afecta mucho a los bolsillos, seguramente no me habría podido resistir. A ver cuanto tiempo tardo en leerlo.

miércoles, 6 de abril de 2011

Actividades Violeta del 8 de marzo


Ultimamente voy un poco liada y no escribo mucho en el blog. Es una sobreocupación temporal, espero tener más tiempo libre dentro de unas semanas.

Lo que peor me sabe es no tener al día las noticias sobre la Asociación Violeta, sé cuanto les gusta a las chicas verse aquí representadas. Así que hoy he decidido empezar a hacer mis deberes atrasados. Y empiezo con este video de fotos de algunas de las actividades en las que participamos de las que se hicieron en torno al 8 de marzo, día de la mujer.

Las primeras fotos son del cinefórum de la película "Solas", que organizó nuestra asociación. Aunque asistieron pocas socias, el cineforum fue todo un éxito, la asistencia fue bastante vistosa, algo a lo que no estamos acostumbradas. No sé por qué, la gente no quiere que se la vincule a una asociación que trata sobre violencia machista y adémás admite públicamente que muchas de sus socias la padeció personalmente.

Como iba diciendo, nos sentimos muy acompañadas. No es que estuviera abarrotado, pero en comparación con otros actos, había bastantes personas, incluídos algunos hombres.

Lo mejor de todo fue el debate. Preparamos una pequeña merienda, y alrededor de una mesa, hablamos, comimos y tomamos un refrigerio. Fue una charla muy animadao en la que se intercambiaron ideas muy interesantes de manera muy informal.

Antes de empezar la película, un equipo de BTV nos estuvo grabando para el programa Respira, que se emite los domingos por la noche. Es un programa que trata temas bastante interesantes, y en esta ocasión se trataba de un episodio que tratará sobre mujeres maltratadas, y como rehacen sus vidas. Una de las invitadas es la presidenta de la Asociación.

El resto de las fotos corresponde a la caminata del domingo, habitual de cada año. Nos hizo un día espléndido. Muchas mujeres y algunos hombres, aunque no tantos como hubiéramos deseado. Lo que más llamó mi atención fue la guerra de las pancartas, ese darse codazos para estar en la primera fila. Es una manifestación unitaria, y la primera pancarta debe ser la que nos representa a todas, la del consell de dones. Pero hay gente que no lo entiende así, y no se da cuenta que si te alejas un poco del tumulto se te ve mejor en las fotos

domingo, 3 de abril de 2011

Raimon

El próximo 15 de abril el cantante Raimon, 71 años, va a actuar en mi ciudad. Espero estar allí, si los elementos no lo impiden, para dar un merecido homenaje a esta persona que siempre fue fiel a sí mismo y a sus ideas, y que ha sido un ejemplo para todos. 

Sólo lo he visto una vez en directo, y la verdad, casi no recuerdo nada de aquel concierto. En mi memoria es uno más de los muchos a los que asistí en aquella época, miles de jóvenes gritando consignas antifranquistas, animados por lo que veíamos venir, que ya era inminente, la caida de la dictadura y la llegada de la democracia. Aquel concierto, en setiembre del 75, salió en la película de Francesc Bellmunt "La nova cançó". Buscando canciones de Raimon en youtube me he encontrado con la agradable sorpresa de este video que recoge aquel momento del año 1975, y donde Raimon canta mi canción favorita de entre todas las suyas, con la que me sentía muy identificada. 

Jo vinc d'un silenci



De alguna manera, creo que nosotros, sus seguidores, le fallamos a Raimon, y que él nunca nos ha fallado a nosotros. Las letras de sun canciones, tan poéticdas y a la vez tan incendiarias, removían en nosotros sentimientos de rebeldía. Y además lo hacía en catalán, o como dice él, en la modalidad de catalán que se habla en el Pais Valenciano. Es una exprezión que va en sentido muy contrario a lo que es políticamente correcto en su tierra hoy en día.

Su canción más emblemática. "Al vent"



Y pienso que le fallamos porque fue justo durante la democracia, en los gobiernos democráticos de izquierda, cuando todos nos olvidamos de Raimon. Ni siquiera supimos agradecerle los servicios prestados. El no quiso que se le identificara con ningún partido, como hicieron otros cantautores de su época, tampoco quiso ninguno de los cargos político que le ofrecieron, siguió siendo el de siempre. Y durante toda una década, la de los ochenta, y algo más, permaneció en el olvido.

Tuvieron que pasar muchos años para que los premios le llegaran. Rechazó algunos, porque no se identificaba con ellos, otros los aceptó. Y ahora, muchos años después, cuando muchos están jubilados, el sigue cantando con esa energía que le caracteriza. Ojalá hubiera muchas personas como Raimon en este país. Somos muchos y muchas los que estamos agradecidos a su trabajo y su ejemplo.