martes, 22 de febrero de 2011

Mujeres pintoras: Maruja Mallo

Maruja Mallo en su estudio, Madrid 1936

Nació en Vivero, Lugo, el 5 de enero de 1902. Fue la cuarta hija del matrimonio formado por María del Pilar González y Justo Gómez Mallo. Siendo muy joven su familia se trasladó a vivir a Avilés, y allí comienza a pintar copiando las ilustraciones que aparecían en las revistas de la época.

Con veinte años se inscribe, junto con su hermano Cristino, en la Escuela de Bellas Artes de la Academia de San Fernando, donde estudió hasta 1926.

En Madrid pronto se relacionó con jóvenes escritores y pintores como María Zambrano, Concha Meléndez, Salvador Dalí, Federico García Lorca o Alberti, con el que mantiene una relación hasta que este conoce a Teresa León.

En la década de los años 20, Maruja trabajó en La Gaceta Literaria, en donde tuvo una relación muy mala con su director, un reconocido misógino que no alentó ni valoró su trabajo, convencido de que era "una mujer del montón". Lejos de desalentarla, siguió buscando trabajo como dibujante en revistas y diarios. Ilustró varios números de El almanaque literario, Revista de Occidente y Revista de avance, entre otros, además de realizar portadas de varios libros.

En 1928 expone por primera vez en los salones de la Revista de Occidente. Exhibió diez óleos que representaban poblados llenos de sol, toreros y Manolas, así como estampas coloreadas de maquinaria, deportes y cine de principios de siglo. La exposición fue todo un éxito en Madrid, y también fue el punto de partida para que Maruja fuera juzgada por su obra y no por su condición femenina.

Poco después, participó en la Exposición de Arquitectura y Pintura Moderna, celebrada en San Sebastián; en 1930 ilustró junto con Dalí y Ángeles Santos artículos para El Robinson. Un año más tarde consiguió una beca para ir a París a ampliar sus estudios, y fue allí donde Maruja se inició en su etapa surrealista. Conoció a André Breton, Paul Elúard, René Magritte, entre otros representantes de esta corriente. Su pintura cambió radicalmente y alcanzó la maestría, tanto que el mismo Breton le compró en 1932 el cuadro titulado Espantapájaros, obra poblada de espectros que hoy es considerada una de las grandes obras del surrealismo. Esta obra pertenecía a una serie de pinturas tituladas Cloacas y Campanarios. La pintura de esta etapa es desgarradora y tremendista, actitud que fue suavizando con el paso del tiempo.

Regresó a Madrid y participó activamente en la Sociedad de Artistas Ibéricos. Para entonces había adquirido tal notoriedad que el gobierno francés compró uno de sus cuadros para exponerlo en el Museo Nacional de Arte Moderno.

A partir de 1933, Maruja Mallo, comprometida con la República, se dedicó a enseñar dibujo y cerámica en el madrileño Instituto de Arévalo. Un año más tarde, estudió matemáticas y geometría a fin de aplicarlos en su obra, principalmente en la cerámica. En esa misma época participó en programas educativos y en las Misiones Pedagógicas.

La Guerra Civil Española la sorprende en Galicia, donde permanece unos meses, de allí huyó a Portugal. Toda su obra cerámica de esta época es destruida en la Guerra. Poco tiempo después, su amiga Gabriela Mistral, embajadora de Chile, la ayudó a trasladarse a Buenos Aires, donde siguió pintando, dando clases y cultivando amistades. Conoce a Pablo Neruda quien le presentó a Miguel Hernández, con el que la unió una sólida amistad.

En Argentina recibe un rápido reconocimiento, colabora en la famosa revista de vanguardia "Sur", en la que también participaba Borges. Es una etapa de su vida en la que se dedica a viajar, vive entre Uruguay y Buenos Aires, y a diseñar, pintar, en definitiva a crear y crear. También se suceden las exposiciones, París, Brasil y Nueva York.
A los treinta y siete años publicó el libro Lo popular en la plástica española a través de mi obra (1939), y empezó a pintar especialmente retratos de mujeres, cuyo estilo es precursor del arte pop estadounidense.

Esta nueva etapa, a la que los expertos han llamado "cósmica", se dedica a recrear la naturaleza sudamericana. Entre las obras más importantes de este periodo destacan: Agol (1969), Geonauta (1975) y Selvatro (1979).

En cuanto se instaura el peronismo en Argentina, Maruja deja el país y se traslada a Nueva York, para regresar a España en 1965 tras veinticinco años de exilio.

La que fuera una de las grandes figuras del surrealismo de preguerra es casi una desconocida en su tierra. Pero no le importa, se instala en la calle Núñez Balboa de Madrid, y casi como un símbolo dibuja de nuevo la portada de la "Revista de Occidente". En 1979, comienza su última etapa pictórica con Los Moradores del vacío, tenía ya setenta y siete años, pero aún conserva esa frescura y vitalidad que la acompañarán durante toda su vida. En la década de los 90 le ofrecieron varias exposiciones y premios, como la Medalla al Mérito en las Bellas Artes y el Premio de Artes Plásticas de Madrid.

El 6 de febrero de 1995, murió a los noventa y tres años en Madrid. A pesar de todo, Maruja Mallo no es una pintora suficientemente recordada y reconocida como una artista que creó un estilo propio, e influyó en la pintura actual y de vanguardia.

Video en el que se muestra una recopilación de la obra de Maruja Mallo, con música de Rodolfo Halffter.



Algunos cuadros suyos:

La verbena, 1927

Mujer con cabra, 1929
Naturaleza viva, 1943
Oro, 1951


1 comentario:

  1. guau, me gusta como pintaba! Pues muchas gracias onka, no la conocía

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