jueves, 26 de agosto de 2010

Mi álbum de labores


Hace unos días, trasteando entre mis cajones, encontré dos álbumes de labores de mi niñez. Os expliqué en una entrada que escribí hace unos meses que una de las asignaturas del bachillerato en los 60 era la F.E.N. (Formación del Espíritu Nacional), con la que se nos trataba de inculcar a las niñas españolas los principios franquistas. Pues bien, había otra asignatura dirigida específicamente a las mujeres en la que se nos enseñaba como llevar correctamente una casa. Se trataba de Enseñanza del Hogar, pero nosotras siempre la llamábamos Labores.

Eran 4 las asignaturas marías, las que se consideraban más sencillas y todos los estudiantes despreciaban: FEN, Religión, Labores y Educación Física. Casi todo el mundo las aprobaba, y los profesores solían tener mucha manga ancha. La razón era muy simple y os la voy a contar.

Yo estudiaba en un centro libre adoptado, pues mi pueblo era demasiado pequeño y no tenía instituto. A finales de Mayo venían todos los años profesores del Instituto del que dependía que era de un pueblo mayor que estaba bastante alejado del mío. Eran días de muchos nervios, puesto que te lo jugabas todo a una carta. Sin embargo, de estas asignaturas que he hablado antes nos examinaban los profesores del pueblo, los que nos las habían impartido durante el curso, con lo cual entraban en juego una serie de factores anímico-afectivos que hacían mucho más fácil aprobar.

En las clases de Labores no seguíamos ningún libro. La profesora nos enseñaba a coser, a bordar, a hacer ganchillo, calceta, patrones para confeccionar una prenda de vestir, etc, conocimientos todos ellos que según la ideología machista de la época nos serían muy útiles en nuestro futuro y nos ayudaría a ser mujeres excelentes, es decir, perfectas amas de casa.


El examen final consistía en presentar un álbum de labores donde quedara recogido todo lo que habíamos practicado durante el curso. 


Yo era bastante patosa con estas manualidades, se me daba muchísimo mejor la gimnasia, pero le ponía bastante empeño y nunca tuve problemas para aprobar la asignatura con buena nota. 

Mirando estos álbumes me ha venido a la memoria un acontecimiento que para mi fue muy triste. Estaba en disposición de hacer 5º de Bachillerato y ya no podía estudiar en el colegio del pueblo. Mis compañeros del curso anterior se habían ido a otras ciudades a proseguir sus estudios o habían abandonado. Yo no había conseguido una beca y mis padres no me podían pagar los estudios en otra población, así que tuve que quedarme en el pueblo. Empecé a asistir a clases particulares con un maestro del pueblo que, fuera de su horario escolar, se dedicaba a preparar alumnos para presentarlos a la convocatoria de exámenes libres en el instituto del pueblo vecino. Era una forma difícil, pero no tenía otra opción.

Fue para mí una época muy dura, mi padre cayó enfermo y él y mi madre viajaron en varias ocasiones a Madrid y Sevilla por motivos médicos. Yo me quedaba a cargo de familiares con los que no me llevaba muy bien, y además mi inquietud iba aumentando a medida que pasaban los meses. En medio de esa vorágine de problemas, y justo cuando mis padres estaban en Madrid, me presenté a los exámenes finales. Resultado: 5 suspensos y 4 aprobados. Lo peor de todo, uno de los suspensos era Enseñanza del Hogar, ¿se podía caer más bajo? Ni en mis peores pesadillas hubiera esperado algo así.


Me dispuse a trabajar duro durante el verano, pero el 9 de Julio murió mi padre y eso no sólo trastocó mis planes sino toda mi vida. El luto, el dolor y los preparativos para emigrar impidieron que me concentrara en los estudios. Decidimos que mi madre y yo no dejaríamos el pueblo hasta después del verano, que esperaríamos a los exámenes de Setiembre. Mientras, mis hermanas me reservarían una plaza para estudiar en el instituto de mi nueva ciudad, aunque eso hacía imprescindible que aprobara al menos 3 de las 5 asignaturas que tenía pendientes. Sentía mucha presión, pero me puse a ello con toda mi alma.

Algunos exámenes me fueron muy bien, estaba convencida de que lo había conseguido. Pero desgraciadamente, cuando recogí mis notas comprobé con horror que tenía 3 suspensos, ¡y uno de ellos era Hogar! Francamente, no entendía por qué aquella profesora a la que no conocía tenía tanta inquina hacia mí. Los trabajos que presenté, unos patrones y su correspondiente pieza confeccionada, estaban perfectos, me había ayudado a hacerlos una modista que entendía del tema. Estaba segura que merecía aprobar. Aquel suspenso arruinaba mi futuro, a duras penas me aguanté las ganas de llorar.

Algunas de mis compañeras me animaron y me dijeron que fuera a ver a la profesora, una de ellas había averiguado donde vivía y me acompañó hasta la puerta de su casa. Pobre mujer, nada más verla me derrumbé y me puse a llorar, ella no sabía cómo consolarme. Entre frases de "¿por qué todo lo malo me pasa a mi?", "no voy a poder estudiar" "no me merecía este suspenso" y "además en esta asignatura que no vale para nada" pude contarle mi historia reciente. 

¡Y me aprobó, sí! Cogió una goma, mi libro de calificaciones y borró donde ponía suspenso para poner: Aprobado 5. Tengo un borrón en mi historial académico. Cuando me despedía, me dijo: "Si te suspendí es porque te lo merecías, y esta asignatura es tan importante como cualquier otra, tenías que haberte esforzado más".

A mi a esas alturas ya me daba igual lo que me dijera. Le di gracias, y me fui.

Francamente, en la vida me ha servido de poco aprender a coser el nido de abeja, el punto de cruz o el pata de gallo, que se me olvidaron tan pronto como dejé de practicarlos. Sólo las cosas elementales como hacer un dobladillo o un zurcido me han servido, pero para eso no habría sido necesario dedicarle tantas horas a una actividad tan poco gratificante para mí.

Pero aprender lo que se dice aprender, aprendí. Y si no, veamos este ejemplo:


No está muy bien, ¿verdad? Fueron los inicios.


Este sí que está bien. Es lo que salió un par de años más tarde, después de muchas horas de prácticas.

2 comentarios:

  1. Querida compañera, cómo me identifico contigo.
    Tú suspendiste Labores del Hogar pero para mi fue peor porque suspendí F.E.N. y eso cada año, siempre me quedaba para septiembre, ¿por qué sería? ¿qué debía escribir en aquellas hojas?. Cuando lo decía a mis compañeras/os me decían que en septiembre, si quería aprobar, escribiera al final del examen VIA FRANCO y que así me aprobarían. Nunca fui capaz.

    Las labores se me daban mejor; la vainica, la vainica doble, el festón, el punto de cruz y lo que fuera. No sé si en la última limpieza general se fueron todos los trapitos a la basura o todavía queda alguno por ahí.

    ResponderEliminar
  2. Tu tan rebelde como siempre jajaja pero vaya consejos que te daban tus amigas eh?

    ResponderEliminar