jueves, 3 de junio de 2010

Excursión a Rupit

Amaneció el domingo soleado e ilusionante. Era el día señalado para hacer esa excursión que tanto trabajo nos había costado organizar, y después de haberlo pensado tantas veces, necesitaba vehementemente desconectar en la montaña y relajarme aunque fuera sólo durante unas pocas horas.

Al llegar al lugar donde esperaba el autocar tuve una pequeña decepción. ¡Sólo había 5 personas de 30 esperadas y era la hora en punto!. "Ya estamos", pensé, "somos tan imputuales e informales como siempre". Pero no, unas cuantas llamadas de móvil nos informaron que el resto de la gente estaba esperando en otro sitio, habían malentendido el punto de encuentro.

Con media hora de retraso, ¡todo un éxito! salió el autocar rumbo a Vic. Rupit es un pueblo del interior de Catalunya situado en el Collsacabra, es el último pueblo de la provincia de Barcelona en la carretera que une Vic con Olot.

Poco más de hora y media nos costó llegar. El viaje, entre los habituales cuenta-chistes y el paisaje que se podía admirar desde la ventana, fue muy agradable y animado. Campos verdes llenos de amapolas y margaritas nos gritaban el esplendor primaveral.

En Rupit no pueden entrar los coches, y mucho menos los autocares. Hay un párking dispuesto para todo aquel que quiera utilizarlo. Y allí mismo hicimos un rápido almuerzo.

Nuestro primer destino, el puente colgante que une las dos orillas del riachuelo que cruza el pueblo.


¡Qué risas!. El puente, de poco más de un metro de ancho, se balancea en cuanto pones el pie sobre él, y a medida que vas avanzando se mueve mucho más.Y siempre está el graciosillo que salta para asustar a los más temerosos, que se agarran frenéticamente a la barandilla.


Aunque he ido a Rupit en multitud de ocasiones, han pasado al menos 20 años desde la última vez. Pero el pueblo se conserva exactamente igual, gracias a unas estrictas normas urbanísticas. Las calles son de piedra, no muy empinadas, las casas, de los siglos XVI y XVII, tienen balcones de madera y piedra llenos de flores. Es un pueblo de postal.


Después de un pequeño debate, los más aventureros decidimos ir a visitar la catarata del Salt de Sallent, que está a una media hora andando por un camino de montaña de dificultad media. El resto, se quedó visitando el pueblo.

El camino comenzó alegre, pero después se nos hizo muuuyyyy largo.


Y finalmente, llegamos hasta el mirador desde donde se puede ver perfectamente la impresionante catarata, de unos 120m de altura. El paseo había merecido la pena.


Posteriormente, y ya en autocar, nos desplazamos hasta el mirador del Santuario del Far, un lugar privilegiado que ofrece una espectacular vista de toda la comarca y del Pantano de Susqueda.


En este lugar hay una ermita, un restaurante y una zona para picnic. Él típico negocio eclesiástico. Nosotros habíamos decidido llevarnos la comida, cada uno llevaba una cosa para compartir. Lo pusimos todo en una mesa, y fuimos cogiendo lo que nos apetecía, como si de un self service se tratase.


En este mirador ocurrió un trágico suceso en Setiembre de 2008: un hombre arrojó a su hija de 6 años por el precipicio, de unos 1200 m. de altitud y después se tiró él. Al parecer, estaba en trámites de separación y actuó de esta manera para hacer daño a su mujer, a la que había llamado previamente por teléfono para informarle de que pensaba hacer algo que le iba a doler mucho.

Conociendo este triste suceso, habíamos llevado un ramo de flores que colocamos en el lugar donde ocurrió. Después guardamos un minuto de silencio en homenaje a la niña muerta.



Y con el corazón encogido, regresamos a casa. El día había merecido la pena.



2 comentarios:

  1. que pueblo mas guay y mas bonito!!! tiene unos paiasjes.... uau!!! yo quiero :D

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  2. Es un pueblo con encanto... yo he estado un par de veces y es muy lindo para pasear.
    Bonita prosa!

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