sábado, 13 de febrero de 2010

Otras maneras de enfrentarse a la crisis?

Es muy recurrente hablar de la película "El día de la marmota" cuando te quieres referir a una situación que se repite una y otra vez, y parece que el tiempo no pasa. A mi me pasó eso mismo anoche en una charla-coloquio a la que asistí que tenía por nombre algo así como "diferentes experiencias para enfrentarse a la crisis".

Para empezar, cuando entré en la sala en la que iba a realizarse tan magno evento no había absolutamente nadie. Eran las 7 de la tarde, la hora en punto a la que tenía que empezar. No sabía que hacer, si irme a mi casa o esperar un poco más. Decidí quedarme mirando algunas fotos antiguas que estaban colgadas en las pared.

Al cabo de un rato se presentó una amiga a rescatarme de mi soledad. Para entrar en la sala había que atravesar un bar-restaurante, y los organizadores de la charla estaban allí, en la barra, tomándose unas cañas. Una de las chicas me había visto pasar y se lo comentó a mi amiga, y ella vino a buscarme para que me uniera a su grupo.

Eramos unas 5 o 6 personas, y allí estuvimos comentando sobre las causas por las que la gente no había acudido a este acto. Excusas salieron a relucir muchas, muchísimas: que era Viernes de Carnaval y las mamás habían estado toda la tarde con sus niños disfrazados paseándolos por el pueblo, como si las mamás tuvieran intención de ir a una conferencia tan sesuda; que hacía mucho frío, esa sí que era una buena razón, yo misma estuve a punto de no salir de casa por ese motivo, y si no fuera porque me había comprometido..., que la gente está muy desmovilizada, por favor, ¿qué lenguaje es ese?, palabras de ese tipo no las escucho desde hace mucho tiempo. A mi la palabra movilización me suena un poco rara, no sé, como a manipulación.

Fue llegando alguna gente más, y finalmente, media hora más tarde de la hora prevista, decidimos entrar a la sala y empezar. En total éramos unas 15 personas, y de ellas 4 ponentes y 6 organizadores. O sea que, haciendo cuentas, público interesado había muy poco... y vale, del público interesado me podéis descontar a mi, que estaba allí por puro compromiso.

Fue entonces cuando pensé que el tiempo se había detenido y estaba en una de esas asambleas de trabajadores de hace 30 años, si no fuera porque en las asambleas éramos 150 personas, y allí sólo estábamos quince. No faltaba de nada, ni el idealista asambleario, ni el cínico radical, ni los trabajadores que se habían quedado en la calle y pedían ayuda. Por supuesto, las posturas eran enfrentadas, y fue curioso ver a 15 personas peleándose y defendiendo diferentes ideas sobre como hay que defender al trabajador y luchar contra la crisis.

Yo recordaba aquellos tiempos de la transición en que siendo muy jovencita intentaba encajar en alguna de aquellas familias, y no había manera. Pero probar, probé, y experiencias tuve muchas. Ya por entonces era muy crítica. Con más razón ahora que han pasado treinta años, y todo ha avanzado, y las cosas han cambiado aunque haya quien no quiera reconocerlo. Mientras ellos se pelean por cuestiones nimias, la vida sigue.

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